Drenar

Drenar
Drenar la furia
Drenarte entero
Y verte discurrir en disculpas
Por la boca de tormenta
Junto al plástico
Y a la mugre del barrio
Basurillas en armonía
Yéndose
Drenando el paisaje
Drenarte entero
Drenar la furia
Drenar.

Qué laberinto insoportable

Qué laberinto insoportable
Montevideo de calles mojadas
Y agua estancada
Pesando en el recuerdo
De las mentiras multiplicadas
Desvaneciéndose en una imagen
Y qué imagen desabrida
Sin aliento verdadero
¿Cómo pueden vivir así?
¿Cómo?
Que alguien se apiade
Que alguien me explique
¿Cómo se puede ser tan desalmado?
Tan desalmado.

Estanterías

Me detengo ante las estanterías repletas de escritos
Y van apareciendo títulos
Que yo no voy a regalarte
Pedacitos de vidas en letras
Que se ajustan como guante a tu mano
Que yo no voy a regalarte

Me apartaste de tí con la misma ligereza con que se saca un libro del estante
Y el vacío entre los dos lomos linderos
Es el que se queda dentro
Un hueco irremplazable
Una pieza que se pierde

Tal vez no combinaban los colores
En tu paleta estante
Distante como el rayo de luz que llega débil
A bañar mi piel en invierno
Un recuerdo
Una hoja amarillenta
Papeles caligrafías
El block pequeño sobre tu mesa
Con un “no sé por qué me gustás”
Estancado desgastado
Una interrogante
Una suspensión del tiempo
Entre ojos fundidos
Una caricia muriendo antes de emerger
Un desdén hacia lo dulce
La sinceridad de un amor
De un solo lado de la cama
La almohada izquierda vacía ocupada
La almohada izquierda ocupada vacía
La franca ya calma despedida.

Me voy a morir un día de todo esto. De sentir tanto todo. De ser en esta entrega del alma toda. Nada habrá importado entonces más que estas palabras. No seré más nada que ellas en su día que es este y es todos los días que vinieron antes y que vendrán después. Y cómo saco tu idea de mí. Y cómo me arranco el sonido de tu voz sin dejarme la piel a jirones. Sólo quiero saber cómo. Y que me abandone. Porque ya quiero a la muerte en mí. Porque esto habrá sido todo. Estoy seca. Seca de la vida y su ilusión. Me queda un día o dos. Y todo habrá terminado.

La perla

La danza macabra
De no estar en la tierra
Y reconocernos en la esfera del improbable
Como almas flotando en un espejo de agua
Inflamable de cantos ancestrales
En el momento de la separación absoluta
Atravesando el frío del glaciar
Que al desprenderse dará vida
A cien años más
Impregnando de oxígeno la vastedad
Casi esférica
Equilibrada por un hilo pendiente
Sobre cabezas suplicantes
Esperando la explosión
Que trae muerte
Y un resurgir que no llega

Hay una perla flotando en el espacio
En la zona milagro
Un granito de arena arrasado
Envuelto en codicia que no es más que un espejismo
Irreal ante lo demás
Y lo demás es todo lo que hay para que seamos/podamos
Al fin destruirnos
Arrastrando despóticamente
Al paraíso entero.